Mente sana en un cuerpo sano

¿Qué conexiones hay entre la parte intangible del ser humano y su cuerpo? Estas conexiones existen y cada vez se conocen más. Se sabe que, de hecho, la comunicación entre cuerpo y mente sigue un camino en ambas direcciones: por un lado, las alteraciones en el cuerpo (infecciones, etc.) influyen en los astados de ánimo; pero, al mismo tiempo, también los estados de ánimo afectan a la salud del cuerpo. La ciencia moderna ha demostrado que el dicho latino mens sana in corpore sano (“mente sana en un cuerpo sano “ ) encierra una gran  verdad.

La salud de la mente influye en la salud del cuerpo, al igual que un buen estado físico ayuda a mantener el equilibrio mental. La conexión entre la mente y el cuerpo es una experiencia diaria: el latido del corazón de quien está enamorado se dispara al ver a la persona amada; el rostro se enrojece con la ira; los tímidos que han de hablar en público­ sienten un sudor frío en sus manos antes de la primera palabra; incluso los músicos antes del concierto presentan alteraciones  como consecuencia de la tensión mental. Todos estos ejemplos demuestran que el cuer­po responde de forma muy clara ante determinados estados de ánimo, ante estímulos de la mente. Las conexiones entre el cuerpo y la mente son muchas, muy intensas y, sobre todo, poco conocidas todavía.

¿Existe una interconexión mente-enfermedad?

El ejercicio físico, adecuado a las condicio­nes de cada persona, favorece y estimula la actividad mental. Está demostrado, por ejem­plo, en científicos e investigadores, obligados por su trabajo a estar encerrados en sus labo­ratorios durante horas y horas, que unos momentos dedicados al ejercicio físico reper­cute de forma casi inmediata en una mejora de su capacidad intelectual. Y no es sólo por gusto que los empresarios japoneses aceptan interrumpir el trabajo en sus fábricas u ofici­nas para que todos sus empleados dediquen unos minutos a la actividad física: están segu­ros que ello mejorará su productividad.

Lo que no resulta tan evidente es la relación entre mente y enfermedad. ¿Es cierto que los estados anímicos ayudan a mejorar ciertas dolencias? Cada vez hay más evidencias de que las actitudes positivas de un enfermo fren­te a su mal ayudan a una evolución favorable en su enfermedad y de que los estados anímicos, intangibles pero reales, influyen de alguna manera en el buen funcionamiento del cuerpo humano.

La influencia de un estado anímico negativo sobre la salud física

Existen datos concretos y objetivos. Se sabe que a ciertas personas el estrés les provoca la caída del cabello. Son bien conocidas las crisis de asma que aparecen en ciertos individuos cuando, aun estando en el más puro y limpio de los ambientes, la ansiedad hace presa en ellos. ¿Por qué la ansiedad puede provocar una crisis de asma? o ¿por qué se exacerba la psoriasis, una enfermedad de la piel bien conocida, en situaciones de estrés? La relación entre cuerpo y mente queda aún más patente por el hecho de que muchos ancianos, especialmente varones, fallecen poco tiempo después de quedar viudos, deprimidos por la ausencia de la que fuera su compañera de vida por largos años.

Que la salud del cuerpo influya en la meme tiene una explicación relativamente sencilla: quien está enfermo se siente deprimido y triste. Lo que ya es más extraordinario es que los estados de ánimo (ansiedad, estrés, etc) afectan a la salud corporal. Hay experimentos que ponen de manifiesto la existencia de alteraciones en los mecanismos de defensa contra el cáncer o las infecciones en situaciones de estrés o durante estados depresivos. El sistema inmunitario, que es el que defiende nuestro cuerpo contra el cáncer y las infecciones, sufre cambios en función de los estados de ánimo, el estrés o las actitudes de la persona frente a la vida y es la psiconeuroinmunología, un término relativamente nuevo en las ciencias de la salud, la que estudia precisamente los efectos de las emociones en el sistema inmunitario.

Por ejemplo: es sabido que las personas que padecen la enfermedad de Alzheimer, enfermedad que afecta a la misma racionalidad del ser humano, son particularmente difíciles de cuidar. Pues bien, se ha observado que los familiares que se ocupan de estos enfermos y que están, por tanto, inmersos en una situación de constante tensión y estrés, presentan una disminución en la capacidad defensiva de su sistema inmunitario. Este fenómeno también se ha observado en personas que están a la espera de saber si padecen o no determinada enfermedad grave; tan sólo una semana después de ser informados que están fuera de peligro, su sistema inmunitario ha recuperado ya su normal capacidad de reacción. Estos fenómenos se han observado también en estudiantes de medicina durante los períodos de examen, en cadetes de academias militares de reconocida dureza o en varones que han enviudado recientemente.

A la luz de todo ello no es en absoluto ilógico pensar que las depresiones, el estrés, la ansiedad, etc., influyen en la aparición o en la evolución de ciertas enfermedades físicas.

La actitud mental positiva, una ayuda en la curación de enfermedades

Afortunadamente, la relación entre cuerpo y mente tiene también aspectos muy positivos: gracias a esta conexión es posible luchar contra la enfermedad. Al igual que los estados de ánimo depresivos, de ansiedad o de estrés pueden afectar negativamente al curso de una enfermedad, del mismo modo una actitud positiva ante el mal resulta beneficiosa o incluso indispensable para el tratamiento de algunas enfermedades. Hay investigaciones que demuestran los beneficios de la ayuda psicológica prestada a pacientes con cáncer de mama o con melanomas; no sólo contribuyó a que el enfermo superase psicológicamente la enfermedad sino que incluso prolongó sus años de vida; otros estudios señalan que el riesgo de reactivación de un cáncer está de alguna forma relacionado con la actitud personal frente a la enfermedad

El asma es otro ejemplo de cómo la ayuda psicológica mejora problemas considerados estrictamente como enfermedades del cuerpo. Existen datos de que pacientes con asma bronquial grave han podido reducir la cantidad de medicamentos que necesitaban, han mejorado su calidad de vida o alargado los periodos de tiempo libres de dificultad respiratoria, gracias todo ello al hecho de complementar el tratamiento habitual con ayudas psicológicas. La terapia familiar ha sido útil en casos de asma infantil y el complemento de la terapia psicológica ha mejorado casos de asma inducido por el ejercicio.

La relación cuerpo-mente: un campo todavía por descubrir

No cabe duda pues de que cuerpo y mente están unidos y que una actitud positiva ante el mal resulta beneficiosa o incluso indispensable para el tratamiento de algunas de estas enfermedades. El estudio de la relación entre los factores emocionales y la enfermedad presenta, sin embargo, una serie de dificultades y problemas que no han sido completamente resueltos por el momento. Ahí quedan, con todo, los casos aislados, anecdóticos, de curaciones sorprendentes; o los estudios más amplios, menos anecdóticos y más creíbles, sugerentes del poder de la mente sobre el progreso de la enfermedad; y quedan también las investigaciones que han comprobado la existencia de cambios en el sistema inmunitario inducidos por situaciones emocionales, investigaciones que, siendo rigurosamente objetivas, son, sin embargo, sólo reproducibles y aplicables por el momento en el interior de un laboratorio.

Aquí como en otras cosas, la oscuridad nos envuelve a todos y la curiosidad espolea a algunos, porque «mientras el sabio en la habitación oscura siempre tropieza en alguna pared, el ignorante se limita a permanecer quieto y tranquilo en el centro de la estancia» (Anatole France, en El jardín de Epicuro).

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