Brujeria

La magia y la brujería son ciencias o doctrinas cuyo origen común se remonta al nacimiento del hombre, al momento en que éste empieza a plantearse preguntas trascendentales que no es capaz de responder. Cuando las preguntas no tienen una respuesta, ni evidente ni más o menos compleja pero visible, el hombre recurre a rituales con los que invoca a seres de otro mundo, que se encuentran en el origen de los hechos visibles. Estas doctrinas alcanzan su apogeo en la Edad Media, época oscura donde las haya, pero su popularidad ha vuelto a crecer en la actualidad.

Tanto la magia como la brujería se definen como el arte o la ciencia de producir cosas admirables y sobrenaturales, sirviéndose de poderes ocultos.

Corrientemente la magia se ha dividido en blanca, que utiliza medios naturales, o La invocación de las fuerzas del bien, para alcanzar fines sobrenaturales, y negra, que se sirve del demonio, de los espíritus maléficos y de poderes extraños para alcanzar sus fines.

La brujería clásica se acostumbra a situar en el lado de la magia negra. El brujo produce hechos inexplicables e inexplicados, pero siempre ligados a la intervención de las fuerzas oscuras, demoníacas.

Algunas notas históricas

En la antigüedad, brujos y magos eran sacerdotes, intermediarios entre los hombres que poblaban el mundo invisible, y espíritus y dioses, que poblaban un mundo no visible, cuyos actos se reflejaban sobre los vivos y el mundo real. Ante ellos intercedían, o los convocaban para producir efectos positivos sobre los suplicantes y nocivos sobre sus enemigos.

A partir del momento en que se expande el cristianismo por todo el mundo civilizado conocido, que se correspondía básicamente con el Imperio Romano, los sacerdotes toman el relevo de los brujos y se prohíbe la invocación de los espíritus o de los dioses paganos. El hombre sólo puede pedir favores a la divinidad a través de los sacerdotes y mediante la oración. En una época como la Edad Media, en la que se producen epidemias de pestes, hambrunas, guerras y toda clase de desgracias que son atribuidas a castigos divinos o a intervenciones diabólicas, y dados los escasos resultados visibles de la oración, es fácil que surja entre una población ignorante y embrutecida dos tendencia opuestas: un fanatismo religioso ciego y el desarrollo de la cultura del pacto con el enemigo, el diablo, al que se supone lo suficientemente poderoso para desencadenar toda  clase de males y, por tanto, capaz de proteger de los mismos a sus adeptos, a cambio del alma, por supuesto.

Brujos y brujas: descripción y métodos

Los demonios transmiten sus poderes a los brujos y brujas, y preferentemente a estas últimas, ya que se supone que la mujer, por su propia constitución fisiológica, es más débil y más sensible a las tentaciones del demonio, el cual, a través de ellas conducirá a la perdición eterna a otras mujeres y a los varones en general.

Por otra parte, las brujas heredan los conocimientos de los curanderos tradicionales sobre los efectos y las propiedades de plantas, hierbas y raíces, lo que les permite preparar filtros, ungüentos y bebedizos; este saber les proporciona una fuente de poder sobre el pueblo, aunque es atribuido a un pacto con los demonios.

El pueblo recurre a los brujos para perjudicar a sus enemigos, para obtener un beneficio para sí mismo o para protegerse de los maleficios, como en el caso del popular mal de ojo, todavía vigente en la actualidad en muchos pueblos y culturas.

También se recurre a la brujería para lograr olvidar un amor no correspondido, para conquistar al ser amado y despertar su pasión, etc.

Los brujos, además de las pócimas citadas, también preparan talismanes y amuletos con los que atraer la buena fortuna y alejar la adversa. Entre los talismanes más famosos y utilizados se encuentran los portadores de la palabra abracadabra, cuyo significado hay que buscado en la numerología griega, donde a cada letra le correspondía un valor numérico; la palabra «abracadabra» estaba asociada al 365, número de los días del año, por lo que su efectividad duraba todo un año. El talismán mágico por excelencia es la clavícula de Salomón, compuesto por oro, latón y bronce, y en el que se encuentran las claves de la ciencia universal, lo que dio a Salomón su sabiduría y le sirvió para convocar a los espíritus.

Las brujas también eran consultadas para conocer el destino y, por intercesión de ellas, modificarlo en un sentido favorable y, de paso, desfavorable para el enemigo.

La pervivencia de ritos y reuniones

Conocidas son las reuniones de brujos y brujas en determinados lugares y fechas con el fin de consolidar su hermandad y renovar su pacto con el diablo. Son los llamados aquelarres, en los que el diablo se presentaba adoptando la figura de un macho cabrío; éste, durante la ceremonia, daba instrucciones a sus adeptos y mantenía relaciones sexuales con ellos. Todavía hoy la rememoración de estas ceremonias forma parte de las tradiciones de muchos pueblos; y aún más, en un momento de la historia como el nuestro, caracterizado por los más increíbles avances científicos y técnicos, todavía se siguen practicando estos rituales en determinados puntos de la geografía de muchos países, especialmente coincidiendo con el solsticio de verano, es decir, en los días próximas a la popular verbena de San Juan. Las características hogueras forman parte del acervo cultural popular, pero tienen una connotación de ruptura con el pasado, de purificación, fertilidad y abundancia.

Hoy en día, a pesar de todos los avances científicos y técnicos, las pregun­tas trascendentales que se plantea el hombre sobre la vida y la muerte siguen sin tener una respuesta definitiva.

Sólo las creencias religiosas, a través de la fe, proporcionan una explicación válida a sus seguidores. Sin embargo, existe un grupo de personas que, a la vista del estado del mundo, han pasado de creer en las fuerzas del bien a creer en las fuerzas del mal, a las que suponen más poderosas, y por tanto, capaces de ayudarles a conseguir bienestar, salud, longevidad y poder sobre los otros.

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