Publicado hace Hace 7 meses por Guillermo Angarita | 275 lecturas
Remedios para las manos dormidas

Conocemos por mano el órgano prensil con que acaban las extremidades superiores. Comprende desde la muñeca, por medio de la cual se articula con el antebrazo, hasta la punta de los dedos. En ella se distinguen una superficie dorsal, el dorso, y una ventral, la palma.

La mano está constituida por una estructura ósea, compuesta de veintisiete pequeños huesos agrupados en los llamados: carpo, junto al antebrazo; metacarpo, a continuación del anterior, y falanges, los dedos.

La musculatura de la mano la forman músculos extrínsecos, provenientes del antebrazo, que actúan como flexores y extensores de los dedos; y músculos intrínsecos, con ambas inserciones en la propia mano, que permiten los movimientos más específicos, como los laterales de los dedos o el de oposición del pulgar.

La vascularización depende de las subdivisiones de los vasos sanguíneos, cubitales y radiales del antebrazo.

Mención aparte merece la inervación de la mano, que procede de los nervios cubital, radial y medio, profusamente ramificados. La multitud de terminaciones sensitivas dota a la mano de su gran capacidad táctil.

Las manos, aunque para el hombre moderno no sean indispensables para la vida, realizan gran cantidad de actividades: aprehensión y manipulación de objetos, reconocimiento táctil de la forma, tamaño y peso de las cosas, examen de la textura de las superficies, percepción sensorial de las diferencias de temperatura, y, por otra parte, ejercen una importante función comunicativa; los gestos de la mano no sólo forman parte del lenguaje oral, enriqueciéndolo expresivamente, sino que también pueden sustituirlo en muchas ocasiones.

Las manos pueden verse afectadas por múltiples procesos patológicos. Desde las anomalías congénitas, como las que tienen un número mayor o menor de dedos, hasta las afecciones con que más frecuentemente se enfrentan, dada su situación distal del cuerpo y su habitual desprotección: los traumatismos, representados por heridas, contusiones, fracturas, quemaduras o amputaciones.

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En este sentido, existen personas que sienten que sus manos se duermen, especialmente de noche, y surge la siguiente pregunta ¿Por qué se da esta situación?.

Desde una perspectiva estrictamente médica, el fenómeno de los brazos y manos dormidos no es una enfermedad sino, a lo sumo, la consecuencia de una enfermedad, razón por la cual únicamente se estudia este padecimiento en calidad de síntoma secundario y bajo epígrafes cómo «presión baja», «debilidad constitucional», «trastornos de la circulación sanguínea» o «enfermedades cardíacas».

Pero en ningún caso se encontrará referencia alguna al remedio a tal padecimiento. Sólo se indica la conveniencia de acudir al médico, el cual, por su parte, suele mostrarse inseguro ante el tratamiento a emplear.

Buscará las causas más profundas, empresa que puede durar años. «Al cabo de veinte años resultó que mis manos siempre se dormían porque mis glándulas no funcionan bien», nos han confesado varias personas.

Los remedios naturales y la acupresión o digitopuntura china no quieren ni pueden eliminar las causas más hondas, pero es capaz de eliminar el hormigueo y la sensación de frío y de embotamiento.  A continuación algunos de estos remedios:

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Curase usted mismo con remedios naturales

- Verter 1 cucharadita de muérdago en una taza de agua que esté hirviendo.  Tapar y dejar refrescar. Tomar 1 taza en días alternos (un día sí y otro no).

- Realizar envolturas con la decocción de ramas de abeto.  Este remedio  tienen una acción enérgica sobre la circulación de la sangre y ayuda principalmente cuando las manos dormidas son producto de una mala circulación.

- Aplicar paños empapados de tintura de árnica (se puede adquirir en las farmacias botánicas o herbolarios) sobre las manos 2 veces al dia  siendo la última 15 minutos antes de dormir.

- Hervir 1 cucharada de gingko biloba en una taza de agua por 5 minutos.  Dejar refrescar y colar. Tomar 1 taza diaria preferiblemente 30 minutos antes de dormir.

- Aplicar acupresión de la siguiente forma: Tratar de encuentra en la cara interior de la muñeca, el punto donde nos mide el pulso el médico. Éste es el primer punto de partida para encontrar el lugar preciso, pues subiendo de allí el ancho de dos dedos, llegamos al punto cardinal en el meridiano de los pulmones. Éste no sólo tiene importancia en la acupresión, sino que también la acupuntura recurre a él en caso de hemostasis. Y resulta que cuando se nos duerme una mano o un brazo nos encontramos precisamente ante un caso de hemostasis, trastorno en el cual la sangre se ve obstaculizada a llegar hasta los vasos más diminutos bajo la piel.

Y ello puede producirse por un sinnúmero de causas, ya sea debido a una presión sanguínea demasiado baja o bien debido a que los depósitos arterioscleróticos por calcificación hayan estrechado en exceso los vasos, obstaculizando el fluir de la sangre.

Este punto encima de la muñeca es sensible a la presión, como la mayor parte de los puntos empleados en la digitopuntura. Podemos encontrarlo fácilmente, con ayuda del pulgar. Cuando lo hayamos localizado lo presionaremos con fuerza y una sola vez, puesto que produce unos efectos fortísimos.

El segundo punto está ubicado en la cara interior de la pierna, exactamente a cuatro dedos por encima del tobillo. Téngase en cuenta que para medir esta separación hay que utilizar siempre los propios dedos, es decir, los dedos del paciente, debido a que cada individuo tiene sus propias medidas.

El tercer punto se encuentra en la espalda y, por lo tanto, para su tratamiento se precisa de la ayuda de otra persona. En este caso se trata de un punto doble, situado en el espacio entre la séptima y la octava costillas, junto a la columna vertebral.

Este punto posee unas propiedades muy notables, al tener una enorme influencia sobre toda la circulación sanguínea, a la que impulsa de un modo muy determinado.

En este sentido, la mayoría de la gente, e incluso muchos médicos, cuando hablan de impulsar la circulación sanguínea se refieren casi exclusivamente al riego arterial. Ponen toda la importancia en la activación del funcionamiento del corazón, que entonces bombea mayor cantidad de sangre arterial fresca a los diversos órganos. Creen que con ello ya basta para mantener en fluidez la circulación.

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Pero de nada sirve una mayor cantidad de sangre fresca en circulación si la sangre venosa gastada no regresa en cantidades iguales al corazón. En tal caso, lo que se produce es una retención o congestión. Mientras el corazón va bombeando sangre fresca arterial, ésta se encuentra con la resistencia de la sangre venosa más lenta. Lo que hace falta entonces es procurar que la sangre venosa vuelva al corazón para hacer sitio a la sangre arterial.

Y esto es precisamente lo que se consigue aplicando la acupresión a los dos puntos de la espalda. Crean espacio de circulación para la sangre, y de esta forma la sangre renovada puede fluir sin dificultad. Por consiguiente,, los brazos y las manos tampoco se duermen.

Ahora bien, es preciso tratar estos puntos con la máxima precaución, puesto que los efectos pueden ser tan fuertes que el paciente puede sufrir un colapso cardíaco. Si la reacción es fuerte, de repente todo se trastorna.

Queremos subrayar que siempre que esto sucede, el trastorno desaparece al poco tiempo, por lo general al cabo de uno o dos minutos. Pero se trata de algo bastante desagradable, por lo que debería evitarse tratar el citado punto con excesiva fuerza. Es suficiente con tratar este punto mediante unos ligeros golpecitos con la punta de los dedos. Y también es suficiente con golpear de tres a cinco veces por la mañana y por la noche.

Es posible que uno no note nada especial al realizar el tratamiento, debido a que este punto no se muestra excesivamente sensible a la presión. Pero hay que tener en cuenta que los ligeros golpecitos se propagan hacia dentro en forma de estímulo, que actúa de forma lenta y sin perjudicar al individuo.

Quienes a la menor excitación o enfado pierden el control, se limitarán al tratamiento de los puntos en la muñeca y en las piernas, suficientes para evitar que se duerman las manos y los brazos.