Publicado hace Hace 9 meses por Guillermo Angarita | 852 lecturas
La mujer: Naturalmente Transorgásmica

La mujer, mucho más que el hombre, es naturalmente transorgásmica. Esto quiere decir que su sexualidad está mucho más conectada con un intercambio afectivo y energético durante la relación, que con el hecho de alcanzar rápido el orgasmo. El placer femenino, tan misterioso para el hombre por su complejidad, no siempre se experimenta como una descarga explosiva.

Y es que la sexualidad femenina es también menos parcializada y localizada que la del hombre. Pensemos que este último tiene genitales externos, en cambio en la mujer, tanto el útero como los ovarios y la vagina se hallan muy por adentro de su propio cuerpo. La mujer necesita más tiempo para alcanzar su máximo placer, pero muy a menudo los hombres, quienes son naturalmente orgásmicos, no duran lo suficiente antes de eyacular. Hablando sólo de la capacidad sexual de la fémina, mientras el hombre común sólo puede lograr sólo 1 orgasmo, ella puede experimentar varios.

También en la mujer las zonas de placer se diversifican. No se trata sólo del clítoris y la vagina; también están los senos, los labios, el lóbulo de la oreja, las caderas y en general toda la superficie de su piel, la que opera como un órgano sexual. En el hombre, todo o casi toda su capacidad excitatoria se concentra en el miembro viril, específicamente en el glande. Al estar tan localizada, los impulsos sobrepasan fácilmente el umbral de excitación donde sobreviene el orgasmo. Es la razón de porqué a los hombres les cuesta tanto controlarse sin eyacular.

Y si hablamos de las tradiciones que practicaron y siguen practicando Sexualidad Transorgásmica, encontramos, por ejemplo, el Tantra, donde la mujer es ensalzada como muy superior al hombre en lo sexual. Ellos afirman que “lo que aprende una mujer en un día, un hombre lo hace en un año”. Recordemos que el Tantra es un conocimiento antiquísimo en la historia de la civilización, que se remonta a las culturas matrízticas de la antigua India. Para el Tantra, el amor sexual tiene carácter de sagrado, pues constituye una suerte de camino de iluminación o liberación. Y la mujer, al ser sexualmente superior al hombre, es siempre adorada y sacralizada ("la mujer supera al hombre como el agua supera (o apaga) al fuego" -señalan). El libro de Andrée Van Lisebeth “Tantra, el culto a lo femenino”(Van Lysebeth, 1992) ya nos sugiere en su título, cómo Tantra y naturaleza (sexualidad) femenina están muy relacionados.
Y es que la mujer, como es naturalmente menos explosiva, más pausada y menos interesada en “correr los 100 mts. planos hacia el orgasmo”, comprende más rápido de qué se trata la experiencia transorgásmica. De seguro, ella misma, muchas veces al hacer el amor involuntariamente percibió aquella ola de placer que iba y venía..., y aspirando profundamente sintió cómo subía por su espalda y le ocasionaba un gozo que inundaba todo su ser. La vivencia no fue la misma que cuando, en otras ocasiones, consiguió el orgasmo ordinario, donde la energía, en vez de subir, estalló y se "escapó" al exterior.

Por su parte, los maestros taoístas como Mantak Chia (Cia & Winn, 2000) afirman que la energía en la mujer va naturalmente desde la tierra al cielo, por tratarse de la fuerza de la tierra. En el hombre ocurre lo contrario: va desde el cielo hacia la tierra. Esta es la razón por la cual, según Chia, al hombre le es tan fácil y familiar el descargarse o "explotar" sexualmente. En la mujer, en cambio, la energía tendería a subir hacia la zona del corazón, haciéndola más emocional y sentimental.

Mantak Chia va aún más allá al señalar que estos dos flujos opuestos son flujos lineales, que suelen no encontrarse entre sí. Hombres y mujeres van por caminos distintos: los hombres buscan el placer genital mientras las mujeres buscan a menudo una experiencia más bien romántica del sexo. Para que el encuentro se produzca, deben transformar este flujo lineal en circular. Ambos lo logran haciendo que la energía circule por lo que Chia llama “la órbita microcósmica”, la cual va por el centro del cuerpo y sube por la espalda y la nuca hasta la coronilla, bajando luego por el entrecejo, la garganta, el pecho y el vientre hasta completar el circuito. Digamos que un requisito para conseguir esto es evitar el orgasmo, ya que éste implicaría interrumpir el flujo. Chia recomienda usar la respiración abdominal, la musculatura pélvica y la imaginación, para así “dirigir” la energía y evitar la descarga.

Sin embargo, retomando el punto central que nos interesa, volvemos a insistir en que la mujer es naturalmente más proclive a una experiencia transorgásmica. Si lo pensamos bien, el orgasmo no es una experiencia natural de la mujer; más bien tiene que aprenderla. Hay mujeres que recién a los 30 años comienzan a tener orgasmos, mientras que otras lo descubren a través de la masturbación. Hoy en día, dada la gran publicidad que tiene el orgasmo en occidente, toda mujer desea tenerlo cuanto antes. Muchas feministas han convertido al orgasmo en su bandera de lucha por la igualdad sexual. Señalan que toda mujer tiene el mismo derecho a llegar al orgasmo que el hombre. Es así como la mujer abandona su natural predisposición hacia la experiencia transorgásmica y se embarca en igualar al hombre.

A las feministas, sugerimos que estudien la obra de Alice Bunker Stockham, la quinta mujer médico en los EE.UU., gran feminista y sufragista, la que en plena época victoriana (s. XIX) desafió las prohibiciones y convenciones morales para plantear un método que ella llamó Karezza, basado en los principios de la práctica sexual transorgásmica. Ella era una convencida de que Karezza era la solución para la mujer en cuanto a su vida sexual, pues además de liberarla de la concepción indeseada, potenciaba su experiencia y su vida de pareja. Sus libros fueron censurados y olvidados, pero aún es posible hallar copias de su obra principal “Karezza, Ethics of Marriage”. (Yronwode, 1995).

Muchas mujeres actuales, hijas de la cultura patriarcal, también se han vuelto fetichistas. A menudo están en contra de que un hombre no “acabe” al hacer el amor, aún cuando no estén pensando en quedar embarazadas. Consideran al semen como una especie de trofeo, la prueba tangible del amor de su hombre, y cuando no logran que este último eyacule, estas mujeres se sienten frustradas o incompletas, como si estuviera ocurriendo algo muy malo con ellas o con la relación.

 

 

Queremos hacer la invitación a todas las mujeres a adentrarse en la Práctica Transorgásmica, que de seguro traerá grandes cambios en sus relaciones de pareja.

 

 

 

 

REFERENCIAS:

- Chia, M. & Winn, M. (2000) Secretos taoístas del Amor. Cultivando la Energía Sexual Masculina. EDL Eds.

- Stockman, A. (2009) Karezza, Ethics of Marriage (paperback). Bibliolife.

- Van Lysebeth, A. (1992) Tantra, el culto a lo Femenino.

- Yronwode, C. (1995) Alice Bunker Stockham & Karezza.