Publicado hace Hace 1 años por Guillermo Angarita | 1358 lecturas
Fibra dietética; el movimiento interno

En la actualidad la fibra dietética es un campo importante de investigación en todo el mundo.

El concepto de fibra dietética es antiguo y ha evolucionado con el paso del tiempo. Surgió por primera vez a principios del siglo XIX de la mano de Einhof, investigador alemán.

La era de la fibra en nutrición humana se inició en 1974 con la hipótesis de Burkit, que establecía una estrecha relación entre la carencia de fibra en la dieta y la incidencia de trastornos fisiológicos y determinadas enfermedades, sobre todo en países industrializados.

A partir de los años ochenta del pasado siglo han ido surgiendo diferentes definiciones para la fibra, tras observar que muchos otros componentes tampoco eran hidrolizados por las enzimas digestivas de los humanos.

Recientemente se ha propuesto una definición de fibra dietética basada en un criterio fisiológico y nutricional: «La fibra es aquella parte de los oligosacáridos y polisacáridos y sus derivados que no puede ser descompuesta en componentes absorbibles por las enzimas digestivas humanas en el estómago e intestino delgado, incluyendo la lignina.»

La terminología que más se emplea en relación a la fibra es:

Fibra bruta o cruda: residuo obtenido tras el tratamiento de los vegetales con ácidos y álcalis.

Fibra vegetal: se refiere fundamentalmente a los elementos fibrosos de la pared de la célula vegetal.

Fibra dietética: este término engloba cualquier sustancia, fibrosa o no, que no sea digerible por las enzimas del tracto digestivo.

El término que nos interesa es el de fibra dietética y es al que nos vamos a referir a lo largo de este artículo.

A- CLASIFICACIÓN DE LAS FIBRAS DIETÉTICAS

Desde un punto de vista práctico, se considera apropiado clasificar las fibras según su grado de fermentación, lo que da lugar a dos grupos bien diferenciados: el de las fibras totalmente fer­mentables y el de las parcialmente fermentables. Las fibras fermentables son las que, por sus pro­piedades químicas, clasificaremos como solubles o viscosas y las poco fermentables en insolubles o no viscosas.

Fibras fermentables

Este grupo incluye gomas, mucílagos, pectinas y algunas hemicelulosas. Todas ellas son fer­mentadas y degradadas rápidamente y completamente por la flora del colon. Las fibras fermen­tables son solubles y en contacto con el agua tienen una gran capacidad de gelificación. Estas fibras se encuentran fundamentalmente en frutas, legumbres y cereales como la cebada y la avena.

Este proceso de fermentación depende del grado de solubilidad y del tamaño de la partícula, de manera que las fibras más solubles y de tamaño de partículas más pequeñas tienen mayor grado de fermentación.

Fibras parcialmente fermentables

Son las fibras resistentes a la degradación bacteriana en el colon y que se excretan intactas por las heces. Esta característica les confiere a nivel fisiológico un efecto laxante. El componente prin­cipal es la celulosa y se incluyen también algunas hemicelulosas y la lignina. Dentro de este grupo se encuentran los cereales integrales, el centeno y los productos derivados del arroz.

Las fibras parcialmente fermentables son insolubles, es decir, tienen poca capacidad para cap­tar agua, por lo que forman mezclas de baja viscosidad.

Resultado de imagen para funcion, deficiencia, toxicidad, fuentes naturales de la fibra digestiva

B- COMPOSICIÓN Y CARACTERISTICAS DE LAS DISTINTAS FIBRAS DIETÉTICAS

Celulosa: polisacárido formado por unidades de glucosa unidas entre ellas por un enlace beta­1,4. Es el componente más abundante de las paredes celulares de las plantas superiores.

Hemicelulosa: conjunto de polisacáridos, más pequeños que la celulosa y con una estructura ramificada, característica que los diferencia de la celulosa. La heterogenicidad de su composi­ción representa que dentro de este grupo encontremos componentes solubles y componentes in­solubles.

Lignina: no es un polisacárido, sino una macromolécula formada por ácidos y alcoholes fenil­-propílicos. Forma parte de las fibras insolubles, pero a diferencia de éstas se le atribuye propie­dades hipolipemiantes, por su capacidad de absorción de moléculas orgánicas como son los ácidos biliares y el colesterol.

Pectinas: polímeros ramificados que forman parte de las fibras solubles. Se encuentran en el tejido parenquimatoso de frutas y verduras, y tienen una gran capacidad de gelificación.

Gomas: polisacáridos no almidonáceos. Forman parte del grupo de fibras solubles y no son un componente habitual en los alimentos que ingerimos. Se utilizan a nivel industrial como estabili­zantes y gelificantes y se obtienen de determinadas especies de acacia y otras plantas.

Mucílagos: polisacáridos no almidonáceos. Forman parte del grupo de fibras solubles y se en­cuentran en semillas, raíces y hojas de vegetales. Lo mismo que las gomas, se utilizan a nivel in­dustrial para la gelificacion de productos alimentarios.

Dentro de este grupo cabe destacar las semillas de lino y diversas especies de plantago, que son utilizadas como suplemento para aumentar la ingesta de fibra soluble.

Beta-glucanos: polímeros de glucosa ramificados y de menor tamaño que la celulosa. Forman parte de las fibras solubles. Se encuentran en cereales, principalmente en avena y cebada.

Oligosacáridos: dentro de este grupo encontramos los fructooligosacáridos (FOS), los galacto­oligosacáridos (GOS) y la inulina. Todos forman parte del grupo de fibras solubles.

Los FOS se encuentran en alimentos como la cebolla, alcachofa, tomate y remolacha, y se les atri­buye un efecto prebiótico, contribuyendo a la proliferación de las bifidobaceterias y no de las bacte­rias patógenas. A la inulina también se le atribuye un efecto prebiótico y se obtiene de la raíz de la achicoria, aunque también está presente en otros vegetales como el ajo, la cebolla y la alcachofa.

Almidón resistente: forma parte de este grupo el almidón que no ha sufrido ataque enzimático en el intestino delgado, y que permanece como sustrato de la micro flora en el intestino grueso.

Resultado de imagen para propiedades, tipos de fibra digestiva

C- PROPIEDADES DE LA FIBRA DIETÉTICA

Capacidad de absorción y retención de agua

Según el grado de solubilidad (capacidad en medio acuoso de captar agua) que tengan las fi­bras, podemos diferenciarlas en insolubles y solubles.

La capacidad de retención de agua condiciona la formación de geles viscosos en el intestino.

Su alta viscosidad es importante para explicar algunos de los efectos fisiológicos, como son el re­traso en el vaciamiento gástrico y la capacidad de ralentizar el tránsito intestinal.

Las fibras no sólo tienen la capacidad de atrapar el agua, pueden a la vez captar sustancias or­gánicas e inorgánicas como carbohidratos, proteínas, grasas, sales biliares, vitaminas y minera­les. Esta propiedad de las fibras permite aplicarlas en muchas patologías, como ya veremos más adelante.

Fermentación en el intestino grueso

Ya hemos mencionado que una de las características de la fibra dietética es que no puede ser atacada por las enzimas digestivas, llegando inalterada al intestino grueso. Una vez allí, las bac­terias del colon serán las encargadas de digerirla en mayor o menor grado, según el tipo de fibra dietética de que se trate.

La digestión de las fibras por parte de las bacterias tiene lugar en el ciego, y como resultado de esta digestión las moléculas complejas se desdoblan en hexosas, pentosas y alcoholes, sir­viendo como sustrato de otras colonias bacterianas, que a su vez degradan estas moléculas (pro­ceso de fermentación) a ácido láctico, H20, CO2, H2, metano, acetato, propionato y butirato, con producción de energía.

El grado de fermentación será diferente según se trate de una fibra incorporada en un alimento o de una fibra administrada aisladamente, como sería un suplemento.

El colon humano contiene alrededor de 400-500 especies de bacterias diferentes. Gran parte de ellas pueden degradar la fibra, pero cada especie tiene una función distinta en este proceso de degradación, siendo necesario un amplio espectro bacteriano para complementar la fermentación.

D- APLICACIONES TERAPÉUTICAS DE LAS FIBRAS

La fibra dietética forma parte, en menor o mayor cantidad, de los alimentos de origen ve­getal y como tal debe estar presente en nuestra dieta en las cantidades recomendadas, ya que ejerce un papel protector y preventivo de muchas patologías. Además existen determinadas si­tuaciones patológicas en las que la fibra puede desempeñar un papel fundamental en el trata­miento de éstas.

La fibra dietética ejerce propiedades beneficiosas a la largo de todo el tracto digestivo, desde la boca, donde estimula la salivación; en el estómago, donde tiene la capacidad de retardar el va­ciamiento gástrico, pasando por el intestino donde puede acelerar o retardar el tránsito intestinal según el tipo de fibra dietética, y finalmente en el colon que, dependiendo de la zona, ejercerá una u otra función. Vamos a ver con más detalle cómo actúa la fibra dietética en cada una de las si­tuaciones.

Son muchas las enfermedades relacionadas con el déficit de fibra dietética. Entre ellas des­tacamos las siguientes:

E- Estreñimiento

La cantidad de heces mínimas para que se consiga una distensión suficiente del recto está entre 150-200 g. Si tenemos en cuenta que la dieta occidental sólo llega a unos 80-120 g diarios, es evidente que pueda presentarse un problema de estreñimiento.

La falta de fibra enlentece el tránsito de las heces en el colon, por lo que hay un aumento de la reabsorción de agua y una disminución del volumen de las heces, inhibiéndose el reflejo defe­catorio. Una de las consecuencias del estreñimiento es la aparición de hemorroides, diverticulosis y otras patologías que con el tiempo pueden desarrollar un cáncer de colon.

La abundante ingesta de líquido es fundamental para una buena actuación de las fibras.

F- Diverticulosis

La prevalencia de los divertículos colónicos aumenta con la edad y en dietas pobres en fibra

Se conoce que cuanto menor es el diámetro del intestino grueso, mayor es la presión generada y esta sobrepresión puede generar la herniación de la mucosa y la submucosa.

Una dieta rica en fibra dará lugar a heces más voluminosas y como consecuencia un aumento en el diámetro del intestino grueso, disminuyendo la sobrepresión, importante para la prevención de la diveticulosis.

G- Síndrome del intestino irritable y enfermedad inflamatoria intestinal (EII)

Aunque la etiología del síndrome del intestino irritable es desconocida, se conoce que factores externos, como dietas pobres en fibra dietética, las alteraciones psicológicas y la tensión, pueden favorecer el desarrollo de esta patología.

La fibra dietética favorece el tránsito intestinal y disminuye las presiones intraluminales del sigma, aumentando el volumen de las heces y disminuyendo su consistencia. Una dieta pobre en fibra da lugar a heces duras y poco voluminosas, pudiendo convertir el intestino en intestino irritable.

Aunque la EII se sigue considerando una enfermedad de etiología desconocida, varios estudios demuestran la baja producción de AGCC en la zona distal del colon, por lo que se sugiere que dietas ricas en fibra soluble podrían aumentar la producción de dichos ácidos, ejerciendo un efecto antiinflamatorio y una mejor regeneración del tejido colónico.

H- Cáncer

Existen numerosos estudios epidemiológícos que demuestran la influencia de la dieta en la incidencia del cáncer. Entre los factores dietéticos relacionados con el riesgo de cáncer deben mencionarse los carcinógenos presentes en los alimentos, los factores promotores y la baja ingesta a través de la dieta de componentes que poseen actividad anticancerígena. Entre estos últimos cabe señalar la fibra, vitaminas y otros compuestos con actividad antioxidante.

Aunque la fibra puede estar implicada en diversos tipos de cáncer, donde más interés ha despertado es en el cáncer colorrectal. Este efecto protector de la fibra puede ser debido a la capacidad que tiene para absorber y diluir una serie de sustancias cancerígenas; al menor contacto de las sustancias cancerígenas con las paredes del intestino por haber aumentado el tránsito intestinal ya la recuperación del equilibro de la flora bacteriana por la ingesta de fibra y producción de AGCC, como el butirato en la ingesta de fibras solubles.

I- Metabolismo lipídico, ácidos biliares y colesterol

Los estudios epidemiológicos parecen demostrar que existe una relación inversa entre la ingesta de fibra dietética y el índice de enfermedades cardiovasculares en las poblaciones occidentales.

Estudios realizados en animales y en el hombre respaldan la hipótesis de que la fibra dietética disminuye la absorción de Lípidos y la reabsorción de ácidos biliares, aumenta su excreción fecal y reduce los niveles de colesterol en sangre.

En este sentido la fibra actúa absorbiendo parte del colesterol y triglicéridos que provienen de la dieta, disminuyendo su absorción y siendo eliminados por las heces.

Las fibras solubles, y en mayor grado la lignina, ejercen una acción sobre los ácidos biliares; al tener la capacidad de absorberlos y eliminarlos por las heces, disminuyendo así. la cantidad de ácidos biliares que serán reabsorbidos en la recirculación enterohepática. La entrada de menor can­tidad de ácidos biliares en el hígado, obligará a éste a utilizar colesterol sanguíneo para la sínte­sis de más ácidos biliares.

J- Aterosclerosis

En la actualidad, los factores de riesgo que guardan más relación con la aterosclerosis son los factores ambientales (tabaco, malos hábitos alimentarios, dietas pobres en fibra dietética ... ).

Aunque el papel protector de la fibra está relacionado con la disminución de los niveles de lípi­dos plasmáticos, existen además otros factores asociados a la ingesta de fibra dietética, como son la disminución de la presión arterial, mejor tolerancia a la glucosa, factores todos ellos que, como ya veremos más adelante, inciden en las enfermedades coronarias.

Este hecho ha permitido que tanto la American Heart Association en el año 2000, como el panel de expertos americanos para el estudio de la presión arterial y colesterol en su último consenso 2001, hayan incluido el consumo de fibra como medidas para reducir el colesterol plasmático.

K- Diabetes mellitus

Jenkins y cols., en la década de 1970, observaron que el consumo de fibra dietética solu­ble podía reducir los niveles de glucosa en sangre en pacientes diabéticos [8]. Esta aplicación de la fibra soluble resulta de gran interés, ya que los picos de glucemia se atenúan y por tanto la hiperinsulinemia no es tan acusada, con lo que mejora la eficacia insulínica en pacien­tes diabéticos.

Las fibras dietéticas solubles son más eficaces que las insolubles. Aunque los mecanismos de acción no se conocen con detalle, existen varias hipótesis para poder explicar la disminución de las concentraciones de glucosa en sangre tras la ingesta de dietas ricas en fibra soluble. Esta dis­minución puede ser debida por: a) retraso del vaciado gástrico; b) modificación de la motilidad in­testinal; c) enlentecimiento en la absorción de las moléculas de glucosa a través de las paredes intestinales, lo que disminuye la entrada de glucosa en sangre, y d) dificultad en el contacto de la alfa-amilasa al sustrato y la producción de AGCC, en concreto el ácido propiónico, que estimula la glucólisis hepática, facilitando así la utilización de glucosa.

L- Obesidad

Las dietas ricas en fibra provocan una mayor sensación de saciedad, por lo que son ideales en dietas hipocalóricas para perder peso. Este efecto es especialmente notorio en las fibras solubles, sobre todo en el caso de la pectina y gomas, por su capacidad para captar agua y aumentar su volumen. Ello provoca un aumento en la viscosidad, retarda el vaciado gástrico y retrasa la sensación de apetito.

M- CANTIDAD DIARIA RECOMENDADA DE FIBRA (CDR)

La ingesta de fibra en distintas poblaciones es baja y debería aumentarse a través de la alimen­tación con la ingesta de frutas, cereales integrales, vegetales y frutos secos.

Las recomendaciones actuales de fibra oscilan entre 20-38 g/día o bien entre 10-13 g/1.000 kcal, con una relación de fibra fermentable/poco fermentable de 3:1.

Niños a partir de los 3 años: Como mínimo, una cantidad de gramos que se obtiene  de añadir cinco a la edad en años (años+5). Por ejemplo, para un niño de 10 años serían 15 gramos.