Publicado hace Hace 1 años por Guillermo Angarita | 1508 lecturas
El aura humana, sus colores y como verla

El Aura


A- Algunas consideraciones

No pretendo hacer un artículo que explique en profundidad lo que es el aura, ya que esto es material para unos cuantos libros; mi intención es que nos familiaricemos a tal punto con estas sencillas instrucciones, como para que podamos recuperar la capacidad de ver algo que es visible, y que muchas veces hacemos de niños, pero luego perdemos.

El aura es el campo energético que rodea a todos los seres vivos, y que en mayor o menor grado queda depositado en algunos objetos que tienen para nosotros un enorme valor, y que utilizamos con frecuencia. Nuestra emanación de energía tiene una forma elipsoide, y su dimensión depende de muchos factores. Las personas muy espirituales poseen un aura realmente muy extendida (dicen que la de Buda tenía cerca de 300 km), que puede llegar a unos cinco o seis metros de prolongación del cuerpo físico, incluso más en algunos casos. El resto de nosotros, si estamos en un buen estado de salud, tenemos una proyección energética que no sobrepasa los 50 cm.

Esta emanación de energía es también una protección, ya que las energías del medio son depuradas antes de ser tomadas, y también se eliminan o proyectan hacia el exterior, por los vórtices magnos o chakras, sustancias de “desecho”, que vuelven al campo universal y son modificadas y depuradas (algunas luego de mucho tiempo, pero eso es material de otro tema). El aura es la manifestación de otros cuerpos que poseemos, y que son en realidad, más “verdaderos” que el físico; no olvidemos que este cuerpo sirve durante un tiempo y dentro de los parámetros de este espacio-tiempo, pero la existencia de los seres no es solamente ésta.

El aura no es patrimonio de los seres humanos; es algo que compartimos con todos los seres vivos, y en esta categoría incluyo a los miembros del reino mineral, y a otros seres que no frecuentan este plano, aunque existen. Las diferencias entre estas son significativas, y dependen en gran medida de las experiencias espirituales, mentales y afectivas.

B- Daños en el aura

En un estado de salud armónico el ser humano manifiesta un aura completa, brillante, de buenas proporciones y con colores que le son propios, pero que reflejan cierto grado de bienestar. Los campos áuricos de las plantas, que poseen un grado menos avanzado en cuanto a sus emociones, y cuyas emanaciones “mentales” no pueden ser consideradas semejantes a las de las personas, son del todo estables y mantienen, en general, colores puros y de cierto brillo. En los animales, que conocen y utilizan un más amplio repertorio afectivo, sus campos no son tan estables, sino que varían y fluctúan. Pero las mayores variaciones las presenta el aura de los seres humanos.

 

Una persona enferma tiene su aura disminuida, opaca y con carencias de ciertos colores (más adelante veremos el tema de las variaciones cromáticas). Las drogas, el abuso del alcohol, y otros, como psicotrópicos, deforman el campo áurico, a veces destruyéndolo parcialmente, con lo cual, la persona queda expuesta a ataques o intromisiones de energías de otras personas y seres, ya que el aura es un campo de interacción y se interpenetra con otras o se rechaza, en un modo de relación cuántica. Cuando alguien está enfermo, la proyección del aura se reduce y adquiere tonos sin brillo, con grandes zonas grisáceas o blanquecinas, de un blanco “sucio”. Si hay jirones o zonas destruidas, es muy posible que seamos atacados por energías de baja frecuencia vibracional, que buscan ingresar a nuestro campo, lográndolo en ciertos casos. Estas energías se denominan opacidades, larvas o cascarones, y traban o detienen la circulación de la energía en los chakras, provocando enfermedades físicas y gran malestar.

Como impregnamos nuestro ambiente con emanaciones de nuestra energía, nuestra casa vibra con la misma frecuencia combinada de todos los habitantes de la misma, y cualquier desarmonía es inmediatamente presentida. Energías negativas provenientes de nosotros mismos o de los demás, en el marco de grandes momentos de tensión, discusiones y peleas, malhumor y aflicción continuas, crean proyecciones áuricas que se adhieren a los objetos, creando externamente, las mismas larvas y cascarones que pueden adherirse a otros, energéticamente decaídos.

C- Cómo ver el aura
Hay cientos de técnicas, y todas son buenas. Yo voy a exponer la mía particular. Antes, quiero aclarar que es necesaria una práctica constante, durante un cierto tiempo y que no hay que desanimarse si no aparecen resultados en corto tiempo, porque con frecuencia, los avances suceden de un día para el otro.

Algunas personas al proponérselo lo logran casi de manera inmediata, pero esto no es lo usual.

La otra advertencia es que, una vez que se logran ver las auras, comenzaremos a ver auras en todos lados y en todos los seres, lo que resulta agotador y tendremos que aprender a focalizar de nuevo la atención y la vista, a fin de no sobreestimular al sistema nervioso.

Como última recomendación, es importante una actitud de no juzgamiento de los colores áuricos de la gente hasta que no tengamos una suficiente práctica que nos permita hacer interpretaciones correctas. Un aura en la que predomine el color rojo, así, fuera del contexto correcto, puede significar que se trata de una persona muy pasional, muy agresiva o que está viviendo una situación de rabia o de furia; sin embargo, esto no siempre es así. Por lo demás, la gente está cambiando de modo continuo el color de su aura, los colores fluctúan, ya que son frecuencias vibracionales, si bien es cierto que, con el tiempo, aprenderemos que dos o tres colores suelen ser los propios de una persona, los que la identifican y que se mantienen estables por más tiempo. Tampoco debemos caer en la confusión de creer que los colores claros significan mayor bondad que los oscuros; esto es un error, y muy frecuente.

D- PRACTICA

Yo recomiendo esta manera de comenzar: nos sentamos cómodamente y nos relajamos con algunas respiraciones profundas. Elegimos mirar un objeto claro, como nuestra mano, que tenga un fondo oscuro detrás. Es decir, extendemos el brazo y nos miramos la mano, en especial, la punta de los dedos. Miramos con fijeza y dejamos que se nos canse la vista. Al cerrar los ojos, debemos tener la sensación de un “negativo” en nuestra mente, que es la forma en que la luz y los colores impresionan a las células del ojo. Abrimos de nuevo los ojos, y otra vez los fijamos en la punta de los dedos. Es posible que luego de unos intentos, en los que debemos estar relajados, lleguemos a ver, débilmente, pequeños destellos claros emanando de los dedos, como prolongaciones de luz. Llegados a este punto, podemos buscar otros seres para observar, y probemos qué sucede si los miramos con un fondo claro o uno oscuro por detrás.

Generalmente, esas hilachitas o fibrillas que veamos, son la antesala para percibir el aura completa, es el paso previo.

Practiquemos tanto como podamos, evitando la luz artificial y directa, que no produce resultados, pero evitemos poner incómoda a la gente; no nos quedemos mirándola…

Pero he aquí el cómo:
Tenemos que mirar un poco más atrás de los dedos, sacando la imagen de los mismos del foco de nuestra mirada, como si en realidad, miráramos unos 30 o 40 cm más atrás. Movemos los dedos, los juntamos… es posible que lo primero que veamos sea un resplandor blanco, muy pegado a la piel. Si persistimos en este intento, veremos que cada vez que juntamos y alejamos de a poquito los dedos, algo como entre ellos, una iridiscencia, se estira, va y viene. No nos desalentemos, ya estamos viendo la parte del aura que está en contacto con el cuerpo y que es más densa. Con el tiempo, veremos cada vez un campo mayor.

Debemos recordar que el aura no posee contornos definidos, sino que se diluye, y suele ser más fácilmente perceptible alrededor de la cabeza y los hombros.

En el caso de las plantas, esperamos un atardecer, o las primeras luces de la mañana. Nos ponemos cómodos y miramos un poco más allá de la planta elegida, con los ojos ligeramente fuera de foco, es decir, mirando un poco más lejos de la planta, pero sin que la misma salga del campo visual. El aura de la plantas tiene forma de burbuja, de tonalidades claras, amarillenta o verdosa (por lo general). Como no presenta fluctuaciones, es muy fácil de distinguir y no confundirla con el entorno.

E- Colores áuricos

 

 

Los colores del aura son, como cualquier color, una descomposición de los presentes en el espectro lumínico perceptible por el ojo humano, es por ello que mucha gente solamente ve el blanco, que contiene en sí mismo a los demás; con la práctica y el ejercicio, vamos viendo los otros.

En sí mismos, representan el estado de salud, los proyectos en los que se halla involucrada la persona, su actividad del momento, las emociones predominantes y según algunos autores, también el karma deja su huella cromática en el aura. Esto, a mi criterio, se relaciona con el hecho de que, si bien el aura va cambiando a lo largo de la vida de una persona, hay colores que son permanentes. Pero muchas veces la ubicación de los mismos va variando. Los más cercanos al cuerpo físico revelan algo sobre el estado de salud del mismo, los más lejanos están en relación a los sentimientos, estados emocionales en general y pensamientos. Los claros hablan de actitudes positivas, mientras que los oscuros, terrosos y opacos, y algunos grises, se vinculan con las enfermedades. Otros tonos oscuros, como el azul, el negro, el violeta, indican altos niveles de energía de la persona en cuestión.

Rojo: Es el color de la fuerza, la pasión, la vitalidad, pero en su aspecto negativo puede indicar agresividad, desequilibrio entre las emociones, nerviosismo, ansiedad, enojo y rabia. Los órganos del sistema circulatorio, cuando presentan problemas, muestran este color degradado parcialmente al marrón, y también se lo asocia con el aparato reproductivo, y por ello, puede marcar excitación sexual.

Naranja: Se asocia con una evolución del individuo hacia planos espirituales, indica creatividad, vitalidad, alegría, contento, buena disposición… pero también algo de orgullo, vanidad, ideas y actos extravagantes. Es propio de los artistas y aparece en sus momentos creativos y de inspiración.

Amarillo: Es el relacionado con el plano mental, y todos los procesos del pensamiento. El amarillo indica razonamiento profundo, ideas claras, análisis y juicio crítico. Cuando se perciben tonos más oscuros de amarillo, indican exceso en los procesos mentales, preocupaciones, una actividad mental desordenada y fuera de cauce.

Verde: Se lo asocia con el optimismo, la esperanza, muestran a una persona amistosa, abierta, simpática y de trato amigable. En su aspecto negativo y en las tonalidades más oscuras marca envidia, celos, tendencia a traicionar, avaricia y egoísmo.

Azul: Calma, paz, tranquilidad, conciencia de sí, equilibrio, sobre todo si son claros. Más oscuros, marcan espiritualidad, tendencia a las depresiones, a la soledad, aislamiento o deseos de alejarse. Los azules brillantes, casi turquesas hablan de optimismo, honestidad y sinceridad. En general, las personas con un aura con grandes zonas azules son espirituales o están en la búsqueda de un camino al autoconocimiento.

Rosa: Representa al amor, la comprensión, el enamoramiento, la belleza interior, amistad y sensibilidad hacia el arte. Placer, complacencia, bienestar, contento. Si está muy disperso, en machitas o acumulado en ciertas zonas no estables, nos muestra un individuo inmaduro, de tendencias un tanto erráticas en sus sentimientos.

Lila, violeta y púrpura: El violeta es el color de la trasmutación por excelencia; es el que demuestra un largo camino espiritual recorrido, donde se han unido y se hallan en comunión tanto los aspectos materiales como espirituales de la vida. Indica una persona de gran conocimiento intuitivo. Pueden hacer referencia a la humildad, aunque en su manifestación más oscura, indicarían cierta sensación de incomprensión y sentimientos de superioridad.

Dorado: Es el color de la búsqueda interior, y a la vez, marca una tendencia espiritual bien desarrollada y en equilibrio, pero siempre creciendo. Es la alquimia del alma realizada, el ser se ha convertido en “oro”, y por su brillo, atrae a otros y los motiva a la búsqueda.

Blanco: Luego de haber practicado, y cuando ya podemos ver los otros colores (recordemos que el primer color que veremos es el blanco) zonas blancas en el aura indican a una persona veraz, que es sincera, honesta, de sentimientos puros y nobles. Este color está muy presente en nuestras mascotas, excepto cuando se hallan en celo.

Gris: Los grises claros indican la búsqueda o la iniciación de una nueva empresa. Los más oscuros se suelen asociar con enfermedades, de diversa índole, algunas físicas, pero también mentales y afectivas, como un estado de desesperanza o depresión. Los grises oscuros marcan tendencias a la introspección excesiva, mal carácter, malhumor casi de continuo; muestran personas que rehúyen el contacto con los demás, los auténticos ermitaños y solitarios. Es uno de los colores que predominan en los ancianos que viven solos, lejos de sus familias.

Marrón: Es uno de los colores que mayores dificultades presenta al momento de ser interpretado. Sólo si se encuentra alrededor de la zona de los chakras, está marcando la presencia de enfermedades. Por lo general, habla de personas organizadas y laboriosas, pero en su aspecto negativo indica egoísmo y posesión sobre bienes y personas. Este color está muy presente en el aura de los niños pequeños, precisamente, porque en esta etapa el egoísmo es característico.

Negro: El negro es un color muy interesante: la persona que tiene zonas importantes de su aura de este tono, es una persona que tiene cosas que no quiere develar, secretos que oculta, una personalidad que no es conocida por todos. También marca humildad, muerte del ego, la capacidad de vencer sobre lo material en aras de un mayor desarrollo personal. Indica frugalidad, capacidad de sufrimiento… pero en lo negativo, muestra a personas con tendencias pesimistas, inactivas, que no hacen por temor. En ciertas etapas de la vida nos muestra que la persona se siente insegura y busca protegerse. En la zona de los chakras es síntoma de enfermedad o bloqueo energético, de índole importante. Las zonas que se perciben oscuras por roturas del campo áurico son huecos por los que se escapa la energía, y que dejan al individuo desabastecido y a merced de otros seres o vampiros psíquicos. Se producen por abusos sufridos durante la infancia, exceso de drogas y alcohol. Sin embargo, estos huecos áuricos pueden ser reparados por medio de una “terapia del aura”.

 

 

Luces, chispas, rayos, destellos: Los hay de dos variedades, plateados y dorados. Las luces plateadas son mucho más frecuentes en las mujeres que en los hombres… y no tengo una buena respuesta para ello, lo siento. Según algunos autores, se relacionan con los procesos creativos, y en especial con la maternidad, pero yo las he observado en mujeres que no son madres; mi interpretación personal es que están más relacionadas con la actividad intuitiva, ya que se las he observado a ciertos animales, particularmente a los gatos. Las luces doradas yo las he podido asociar con la actividad intelectual, son las ideas repentinas, creativas, que se encienden de repente. La actividad pensante también se relaciona con los parpadeos, centelleos y otras chispas, que suceden velozmente, pero que se ven como lucecitas brillantes.

E- Pensando en otro
Cuando pensamos en alguien lo que hacemos es proyectar parte de nuestra energía con la que alcanzamos a esa persona. Esto se aprecia como una prolongación de luz, de pequeño diámetro, que se extiende en una dirección indeterminada, y generalmente en el espectro del amarillo-rosado, si se trata de sentimientos y pensamientos positivos, de afecto. De esa manera obtenemos información inconsciente del otro, que luego traemos hacia nosotros, preguntándonos cómo es que sabíamos algo de lo que le sucedía o de cómo se sentía esa persona. De la misma manera, los sentimientos negativos y los pensamientos de rabia, enojo, etc. que emitimos hacia los demás los alcanzan y llevan consigo algo de nosotros… que, si la persona es muy sensitiva, se traduce en un extraño malestar que no puede explicarse (pero sí explica esto el efecto de la magia sobre los demás).