Publicado hace Hace 4 meses por Guillermo Angarita | 444 lecturas
El Camino del Yin y del Yang

El Camino del Yin y del Yang posee una importancia insuperable en el sistema taoísta de la salud y la longevidad. También es uno de los más antiguos elementos del pensamiento chino de que queda constan­cia.

Como sucede con el Tao en sí, los elementos fundamentales en el Tao del Yin y el Yang son equilibrio, armonía y la unión de los contra­rios:

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“Para que un hombre cultive sus poderes masculinos, debe nutrir su esencia Yang absorbiendo esencia Yin. Cuando el hombre y la mujer se entregan libremente a la sexualidad, intercambiando sus fluidos corporales y respirando cada uno el aliento del otro, es como si el fuego y el agua se combinaran en tan perfectas propor­ciones que ninguno de los dos derrotase al otro. El hombre y la mujer deben fluir y refluir en el coito como las olas y las corrientes del mar, primero hacia un lado, luego al otro, pero siempre en ar­monía con la Gran Marea. De esta forma pueden seguir toda la noche, alimentando y preservando constantemente su preciosa esencia vital, curando todos los males y favoreciendo una larga vida. Sin esta armonía básica del Yin y el Yang, ni las medicinas ex­traídas de los cinco minerales ni los más potentes afrodisíacos les servirán de nada. Si las esencias vitales se secan debido a un exceso de emisión o a una completa negligencia, ya nunca pueden reavi­varse.”                             [Su Nu Ching]

Cuando el sexo es practicado según los principios del Camino, más que ser una prueba agotadora, se convierte en una fuente inagotable de energía, como un pozo que jamás se seca. Sin embargo, el sexo también puede «ahogar» cuando se ignora cómo permanecer «a flote» durante el coito.

Salvo en el caso de que sea usted un adepto consumado que ha conseguido dominar la transmutación de la energía sexual en pura energía espiritual, el celibato resultará tan perjudicial para su salud como los excesos desordenados:

Emperador Amarillo: “Ya no siento más deseos de hacer el amor. Muchacha Sencilla: Como seres humanos, no debemos hacer nada que contradiga la naturaleza. Ahora su majestad desea abstenerse de las relaciones sexuales, y eso va completamente en contra de la naturaleza. Cuando el Yin y el Yang no están en contacto, no pue­den complementarse y armonizarse mutuamente. Respiramos para intercambiar el aire viejo y gastado por aire nuevo y fresco. Cuando el Tallo de jade no está activo, se atrofia. Por eso hay que ejercitarlo con regularidad. Si un hombre aprende a controlar y regular sus eyaculaciones durante el coito, esta práctica le repor­tará grandes beneficios. La retención del semen es sumamente be­neficiosa para la salud del hombre.”                   

[Su Nu Ching]

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La conservación del semen se halla en el mismo corazón de las artes de alcoba taoístas, como lo pone de relieve la siguiente cita de un comentario sobre la biografía del adepto Pien Chang, en la Historia dinástica de los últimos Han:

“El arte de la alcoba consiste en suprimir las emisiones, absorber los fluidos de la mujer y hacer retornar el semen para que fortalezca el cerebro, alcanzando así la longevidad.”

Los hombres, por tanto, deben atesorar y conservar su semen du­rante el coito; cada vez que lo emitan, han de compensar esta pérdida con la absorción de la «esencia» de las secreciones femeninas. Por eso las eyaculaciones debidas a la masturbación o a las relaciones homose­xuales se consideran especialmente nocivas para la esencia y la energía Yang.

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El hombre y la mujer intercambian las energías Yin y Yang a través de sus respectivas órbitas Microcósmicas Comunicadas durante un coito correctamente regulado.

Adviértase cómo las órbitas Microcósmicas de ambos se unen a través de los puntos de contacto en boca, corazón y genitales.

A estas alturas, los hombres que lean esto deben de estar pregun­tándose: « ¿Qué placer puede haber en las relaciones sexuales sin eya­culación?» La misma pregunta se le ocurrió al Emperador Amarillo cuando sus consejeras lo animaron a regular sus eyaculaciones. Las in­terrogaciones del emperador sobre esta cuestión dieron lugar al si­guiente coloquio entre dos de sus más cercanos consejeros, Peng Tse y la Muchacha Arcoiris, coloquio que quedó registrado en Los secretos de la alcoba de jade:

Muchacha Arcoíris: “En general, se supone que el hombre obtiene un gran placer con la eyaculación. Pero cuando aprende el Tao del Yin y el Yang, cada vez eyacula menos y menos. ¿Acaso esto no mengua también su placer?”

Peng Tse: “¡En absoluto! Tras eyacular, el hombre se siente cansado, le zumban los oídos, los párpados le pesan y anhela dormir. Tiene sed, y sus extremidades están débiles y agarrotadas. Al eyacular disfruta de un breve instante de sensación, pero luego ha de sufrir largas horas de fatiga como resultado. ¡Eso no es auténtico pla­cer!”

Sin embargo, si el hombre regula sus eyaculaciones hasta reducir­las a un estricto mínimo y retiene su semen, su cuerpo se fortale­cerá, su mente estará clara y su vista y su oído se agudizarán. Aun­que el hombre deba ocasionalmente negarse la fugaz sensación de la eyaculación, el amor que siente por su mujer aumentará en gran manera. Se sentirá como si jamás pudiera saciarse de ella. ¿No es éste acaso el auténtico y duradero placer de la sexualidad?”

Esta última observación es especialmente sutil y significativa: el hombre que gracias al control de la eyaculación mantenga unos nive­les constantemente altos de testosterona, espermatozoides, semen y demás esencias masculinas experimentará un abrumador incremento del amor y el afecto que siente por su mujer. Además, obtendrá tam­bién la capacidad de actuar según estos impulsos amorosos una y otra vez.

A fin de satisfacer plenamente a su compañera de lecho, además de cultivar en vez de consumir su esencia y su energía, el hombre debe aprender a prolongar el acto sexual y a repetirlo durante tanto tiempo como ella necesite para experimentar una completa satisfac­ción. La Muchacha Sencilla describe este método como «contacto sin fuga». En Los secretos de la alcoba de jade, el sabio taoísta Peng Tse ex­horta a los hombres a atesorar y preservar su semen como fuente esencial de vida:

En las relaciones sexuales, el semen debe considerarse como la más preciada sustancia. Cuando lo ahorra, el hombre está protegiendo su misma vida. Cada vez que eyacula, la pérdida de semen debe compensarse mediante la absorción de la esencia de la mujer.