Publicado hace Hace 2 meses por Guillermo Angarita | 320 lecturas
Cataplasmas de arcilla contra los tumores

Las cataplasmas para combatir manifestaciones tumorales en el organismo han sido muy utilizadas tradicionalmente. Por ejemplo, Maria Treben en sus libros destaca la importancia de las cataplasmas de cola de caballo al vapor contra tumores.
Además de las plantas, la tierra medicinal se ha usado en cataplasmas desde la antigüedad. Plinio el Viejo (23-79 d. C.) relata en su Historia Natural (libro XXXV - LVII) cómo los médicos de la época utilizaban arcilla de Cimolia de color blanco y otra con tonalidad púrpura para curar tumores. El destacado sacerdote y naturópata Sebastian Kneipp, precursor de la balneoterapia actual, reservaba también a finales del siglo XIX un lugar importante para las cataplasmas de arcilla en sus tratamientos contra el cáncer. Y hace unas décadas, el francés Raymond Dextreit, uno de los padres de la geoterapia moderna, recopiló en sus libros información y testimonios del uso de la arcilla medicinal contra tumores.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que el uso de la arcilla generalmente ha formado parte de un conjunto de prácticas naturales, como la adecuación de la dieta, toma de infusiones y jugos naturales, ejercicio, sudoración, baños solares, hidroterapia, relajación, solución de conflictos emocionales... Además de que a menudo se alternan con fomentos de plantas, por lo que la arcilla estaría actuando en sinergia con el resto de elementos.

IMPORTANTE: Los contenidos compartidos aquí tienen sólo finalidad educativa e informativa, pero en ningún caso sustituyen ni son, la consulta, tratamiento, o diagnóstico del profesional de la salud competente. El uso e interpretación que cada uno dé a la información aquí compartida es responsabilidad suya.

QUÉ ARCILLA USAR 

Lo ideal serían las arcillas más cercanas al lugar donde vivimos y que nos garanticen que vienen limpias y libres de contaminación y que han sido expuestas al sol.

Por otro lado, cada persona es única y la sinergia que se produce entre la persona, el problema concreto que padece, y una determinada arcilla, también es única. Si después de unos días de uso se nota incomodidad durante el tiempo de aplicación de la cataplasma y el organismo parece no adaptarse a esta, lo habitual es cambiar a otro tipo de arcilla hasta encontrar la que a esa persona en concreto le siente mejor. Ante la duda, se suele comenzar con arcilla verde, o montmorillonita.

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Si se quiere aplicar una cataplasma en zonas de superficie curva como el pecho de la mujer, las arcillas más gruesas facilitarán su adhesión.
CÓMO HACER LA CATAPLASMA

Una de las formas más habituales de hacerla es:

  • Colocar la arcilla en un recipiente de cristal, cubrir con agua sin cloro a temperatura ambiente (agua de manantial, filtrada... etc.). Dejar un tiempo hasta que el agua se absorba. Después remover con una cuchara de madera, y añadir más arcilla o agua si fuese necesario. La consistencia final debe ser de una pasta densa, que aguante sobre un paño sin deshacerse. 

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Al preparar la mezcla hay que tener en cuenta que es más fácil rectificar añadiendo arcilla, por lo que es mejor echar un poco más de agua al principio y agregar arcilla después si fuese necesario.

Si se tiene mucha prisa se puede preparar la masa mezclando directamente el agua y la arcilla. Remover hasta obtener la consistencia deseada.
En lugar de agua se puede hacer la masa con infusiones de plantas.

La arcilla se puede dejar hecha para ser usada durante varios días. Un método sencillo de guardarla es en un recipiente de cristal tapado con un plato y mantener en un lugar fresco alejado de fuentes de calor y de corrientes de aire.

CÓMO APLICAR LA CATAPLASMA

 

Dependerá del área donde se vaya a poner, pero generalmente se suele utilizar así:

  • Extender la arcilla sobre un paño de tono claro de tela natural (algodón, lino, cáñamo...), o sobre varias capas de papel de celulosa sin tinta que no esté blanqueado. También sirve una hoja de vegetal resistente como la de col. El grosor de la cataplasma dependerá del caso, pero puede ser desde unos milímetros, hasta un par de centímetros. Se coloca la parte de la arcilla directamente sobre la piel, y la persona se abriga bien.
  • El tiempo de aplicación: en el caso de tumores internos, y para evitar reacciones o que pudiera extenderse debido a la potente acción de la arcilla, se comienza la primera semana con cataplasmas muy finas durante unos minutos, una vez al día. Progresivamente se aumenta el grosor de la misma hasta 2 cm., llegando a 2 ó 3 aplicaciones diarias. El tiempo de aplicación no debe superar nunca las 3 horas. Sobre los tumores externos se suelen aplicar cataplasmas gruesas de 2 cm. durante una hora, y se van renovando sucesivamente a lo largo del día. A medida que se mejora, la duración de las cataplasmas aumenta a 2 horas. En el caso de que se sienta incomodidad o calor en la zona, o que la arcilla se seque, hay que retirar la cataplasma. Estas aplicaciones pueden continuar durante meses o incluso años.
  • Una vez transcurrido el tiempo de uso, se retira la cataplasma, y se acaban de limpiar los restos ayudándose con agua (sin cloro), o con agua (sin cloro) y sal marina. Si ha quedado algún resto de arcilla pegado a la piel, nunca hay que arrancarlo, sólo mojar con agua hasta que se desprenda por si solo. En heridas o llagas a veces queda un poco de arcilla pegada, con el paso del tiempo se irá soltando por sí misma. La arcilla ya usada se debe desechar.

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La arcilla también se puede extender directamente sobre la piel, y sobre ella colocar el paño antes mencionado.

En el caso de áreas con vello o cabello, se puede poner una tela o gasa fina de
algodón entre la arcilla y la piel para evitar incomodidades, aunque la acción de la arcilla así disminuye.

PRECAUCIONES

La arcilla no debe entrar en contacto con metales que pudieran soltar residuos, ni con plásticos, recipientes barnizados, etc. Lo mejor es utilizar recipientes y utensilios de cristal grueso, madera, porcelana... o en su defecto, de acero inoxidable.
 

Las personas muy débiles no suelen tolerar bien una cataplasma de arcilla. En ese caso se suelen hacer aplicaciones breves de un paño que se ha humedecido en agua arcillosa o en arcilla líquida, bien escurrido y tapado con otro grueso seco, abrigándose bien.

Si se han de poner cataplasmas sobre varios órganos importantes, se van alternando, nunca se ponen varias cataplasmas a la vez.

UNA REFLEXIÓN: TIEMPOS COMPLICADOS EN CUANTO A TUMORES

Vivimos tiempos complicados en cuanto a los tumores. Su aumento es vertiginoso y las estadísticas dejan claro que en pocos años una gran parte de la población los padecerá o habrá padecido. Sin embargo, algunos especialistas afirman que muchos de estos tumores no darían nunca problemas, o desaparecerían por sí solos, y que que se podría estar sobrediagnosticando y tratando amillones de personas por cánceres que no lo son, algo sobre lo que deberíamos reflexionar y contrastar antes de someternos a tratamientos agresivos, invasivos y tóxicos.
Hemos olvidado lo que es vivir en armonía con las normas de la Naturaleza. Como consecuencia de esto todos los días liberamos al ecosistema externo e interno (nuestro cuerpo) miles de sustancias sintéticas y radiaciones potencialmente cancerígenas. No se respeta el principio de precaución, ya que pocas son evaluadas por su impacto sobre la salud a medio-largo plazo antes de ser comercializadas. Prima el "crecimiento" y "desarrollo" antes que el sentido común y la salud.
Metales pesados, pesticidas, herbicidas, radiaciones ionizantes y no ionizantes, organismos modificados genéticamente, disruptores endocrinos en cosméticos, alimentos, productos de limpieza, utensilios de cocina y hasta en la ropa, aire contaminado y agua de poca calidad... una lista interminable de elementos cotidianos con potencial cancerígeno, neurotóxico, o que puede afectar a la fertilidad. Pequeñas cantidades "dentro de la legalidad" de tóxicos, procedentes de muchas fuentes, cuyo efecto cóctel se desconoce porque nunca se ha estudiado.
Los "inteligentes" seres humanos nos empeñamos en seguir buscando "la cura del cáncer", pero el interés por ir a la raíz, a las verdaderas causas, es nulo. Apenas se financian estudios epidemiológicos, porque demostrar que un tóxico ambiental mata y destroza la salud no está bien visto, "quita puestos de trabajo", hace "perder mucho dinero", o "crea alarma social"... Se invierte en investigaciones carísimas para descubrir medicamentos más caros aún, y poco importa si las causas del mal siguen ahí, porque no interesa verlas. Se da la paradoja de que hasta las campañas para recaudar fondos como las del lazo rosa, están respaldadas por la misma industria que contamina con sustancias cancerígenas.
Y de esto formamos parte todos. Cuando sabemos, por ejemplo, que un herbicida o un pesticida es sospechoso de ser cancerígeno o neurotóxico, que acaba con la biodiversidad y provoca malformaciones infantiles, pero seguimos fumigando con él aunque existan alternativas para hacerlo con una sustancia inocua. O apoyamos a quienes fumigan comprando sus productos.
La responsabilidad para conseguir cambios a gran escala comienza desde el individuo. Y esta responsabilidad va éticamente y por justicia más allá de nuestro tiempo, ya que buena parte de estos tóxicos causan daño heredado transgeneracional. Es decir, muchos de los cánceres y enfermedades hereditarios, en realidad podrían ser daños por tóxicos transmitidos de padres a hijos. Si de verdad nos preocupa que la gente enferme de cáncer, dejemos de contribuir al envenenamiento de este bello Planeta y de las células de quienes lo habitamos.

MÁS SOBRE LA ARCILLA DE USO EXTERNO EN EL BLOG

En esta entrada del blog tenéis más información:  http://www.elabcnaturista.com/terapia-alternativa/Las-virtudes-del-barro-(Arcilla)/10

BIBLIOGRAFÍA

- La Salud de la Botica del Señor, Maria Treben, editorial Ennsthaler, 2012.

- Natural History, Pliny, (volume IX, libri XXXV, LVII), english translation by H. Rackhan, Harvard University Press, London, MCMLXI.

- The Codicil to My Will for the Healthy and the Sick, Sebastian Kneipp, H. Grevel & Co., London,1897. 

- El Poder Curativo de la Arcilla, Raymond Dextreit, editorial Océano Ibis, 1998.
- El Poder Curativo de la Arcilla, Jorge Sintes Pros, editorial Sintes, 1977.
- Curarse y Rejuvenecer por la Tierra, el Sol, las Plantas, el Aire y el Agua, Raymond Dextreit, editorial Acuario, 1983.
- Nuevo Tratado de Medicina Natural, Raymond Dextreit y Michel Abehsera, EDAF, 2001.
- Cura natural por la Arcilla, Raymond Dextreit, Arín, 1984.
- Cómo Cura la Arcilla, Marie-France Muller, RBA Ediciones de Librerías, 1998.
- La Reforma Pro-Salud, J. Amigó, tomo 1, autoedición del autor, 1988.